El final puede cambiar el principio

El final puede cambiar el principio

El día de ayer regrese de recoger los resultados de mis análisis en el hospital, debido a que por varias semanas, de hecho meses, he tenido dolores muy fuertes en la parte superior central del estómago, algo que francamente me arruinaba la vida.

Siempre he sido una persona quien ama a la vida; sin embargo, los placeres son mi debilidad, especialmente la comida, el café, el alcohol y mis cigarros, elementos que son no solo importantes en mi vida, sino rutinarios en todos los sentidos.

Muchas personas insisten que debo cambiar mi estilo de vida, ya que todos me dicen que con la salud no se juega, a lo que a mí me gusta responder que la salud es solo de quien la suerte le echa un buen ojo, ya que he conocido a muchas personas quienes se cuidan mucho y al final del día terminan por enfermarse y morir.

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En esos casos es cuando me ponía a pensar sobre cómo habían aquellas personas desperdiciado su vida al querer conservarla de más y al haber volteado el rostro a los pequeños detalles de la vida que la hacen comestible, de lo contrario es gris y sin sabor alguno.

Me encantaba despertarme en la mañana e ir al balcón con mi taza caliente de café y abrir mi cajetilla del día para prender el primer cigarro cuando el sol apenas estaba saliendo desde el oeste, siempre portando un rostro distinto al del día anterior, algo que me alegraba tanto, que mis días por lo general eran un rotundo éxito, ya que los comenzaba con un buen espíritu.

Durante el trabajo nada me hacía más feliz que bajar a la calle o bien salir a una de las terrazas del edificio a prender mi cigarro y a tomar un café fresco que siempre hacía de mi mente una brillante y un utensilio, a decir verdad, muy útil para la empresa, algo que a la vez como es normal, siempre aseguraba una motivación segura.

Algo que me hacía realmente feliz era el camino desde mi oficina hasta mi coche mientras fumaba mi cigarro de relajación, como me gustaba apodarle, aunque debo aceptar que nunca fumaba en el coche, debido a que, sea lo que sea, me gusta siempre tenerlo impecablemente limpio y con un aroma fresco.

Al llegar a mi casa me sentaba en mi sillón a ver programas de televisión que realmente disfrutaba; por supuesto, en compañía de mi cigarro y una cervecita, o a veces dos, para comenzar a preparar a mi cuerpo para dormir.

Después de llevar esta rutina durante varios años, comencé a sentirme mal por las noches y a tener agruras muy intensas durante todo el día, hasta llegar el punto de escupir sangre, por lo que fui al doctor.

Resulta ser que tengo úlceras por presión y excesos, además de que encontraron cáncer en uno de mis pulmones.

Mi vida está arruinada, en verdad me hubiera gustado llevar una buena vida.

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