Ética profesional

Ética profesional

Esta semana he pasado gran parte de mis ratos libres buscando y comparando información acerca de un diplomado en medicina general, pues como profesional de la salud, debo actualizar constantemente mi formación para seguir ejerciendo.

Todo trabajador, en el ámbito y la profesión que sea, sabe lo difícil que puede ser el combinar las responsabilidades laborales con la vida personal y familiar. Muchas veces hay que sacrificar fiestas, reuniones o paseos, para responder al llamado del deber. Y en otras hay que postergar una tarea o decir no a un proyecto, porque ciertos acontecimientos familiares simplemente no pueden pasarse por alto.

En lo personal, hago todo lo posible por armonizar la vida profesional con la familiar y busco formas de cuidar ambos frentes por igual, siempre que se puede. Por ejemplo, cuando tengo que dedicar un tiempo a la investigación en casa y dependiendo del tipo de información que sea, involucro a mis hijos en la actividad y aprovecho la ocasión para que aprendan algo de manera divertida.

Así lo hice mientras buscaba la información del diplomado y como no es nada difícil lograr que los niños participen en algo relacionado con internet, aceptaron gustosos cuando les pedí ayuda con la búsqueda. Claro que también debí explicarles qué buscaba, por qué y para qué. A los dos les causaba sorpresa una cuestión en especial, ¿por qué seguía estudiando, si ya había pasado varios años en la licenciatura, la especialidad y el doctorado?

Les dije que todos los campos del conocimiento evolucionan constantemente y algunos lo hacen más rápido que otros. En el caso de la medicina, se hacen investigaciones constantemente, para mejorar los tratamientos existentes y encontrar curas a enfermedades que no se ha logrado abatir. El contar con esos conocimientos puede marcar la diferencia entre salvar una vida o perderla. Por tanto, aunque todos los profesionistas tratan de actualizarse en sus distintos campos de conocimientos, en el caso de los médicos es indispensable hacerlo; incluso es una cuestión legal, pues si no acreditamos ciertos cursos y especializaciones, simplemente pueden revocar nuestras cédulas.

Mis hijos escuchaban con mucha atención, podía verlo en sus ojos, que por momentos se abrían más y mostraban un intenso brillo; por momentos asentían y a ratos se quedaban muy pensativos. Cuando terminé con mi explicación, les pregunté qué opinaban al respecto. El mayor me dijo que estaba de acuerdo, pues los médicos nos dedicamos a salvar vidas y era muy importante que supiéramos bien lo que hacíamos. Pero la pequeña frunció el ceño y dijo: “Yo creo que no es justo, papá. Tú tienes que estudiar y estudiar, y hay muchas personas a las que no les importa prepararse; ya ves que hasta el presidente copió en la universidad”.

Me sorprendió que a tan corta edad (7 años), mi niña estuviera tan bien informada de las noticias actuales (el plagio de la tesis de Peña) y tuviera tan buen ojo para las faltas de ética profesional que ocurren día con día. También me preocupó que comenzara a desilusionarse de la escuela y la formación académica, sobre todo cuando todavía le falta un largo camino por recorrer.

Respondí que a mí me encantaba seguir estudiando y que esto siempre pasa cuando te dedicas a lo que te gusta. Y añadí que lo que me parecía injusto era que esas personas sin formación a las que tenía en mente ejercieran como profesionales y pusieran en riesgo a muchas personas.

La ética profesional es algo que se aplica cuando se comienza a ejercer, pero que debe inculcarse desde las etapas más tempranas de la formación.

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